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La enfermedad de Stargardt podría beneficiarse pronto de tratamientos innovadores
La enfermedad de Stargardt, la forma más extendida de distrofia macular hereditaria, es una causa principal de pérdida temprana de la visión central. Está provocada por mutaciones en el gen ABCA4, que impiden la eliminación de desechos tóxicos derivados del ciclo visual. Estas sustancias, llamadas bisretinoides, se acumulan en el epitelio pigmentario de la retina, provocando su disfunción y la degeneración progresiva de los fotorreceptores. La enfermedad suele manifestarse desde la infancia o al inicio de la edad adulta con una disminución progresiva de la visión central, dificultades para distinguir los colores y una adaptación lenta a la oscuridad. Su evolución varía fuertemente según los individuos, en función de la edad de aparición, las variaciones genéticas y factores ambientales.
Actualmente, no existe ningún tratamiento aprobado para detener o revertir esta enfermedad. El manejo se basa en medidas de apoyo como la readaptación visual y consejos para limitar la exposición a factores agravantes. Por ejemplo, una exposición excesiva a la luz, especialmente a los rayos ultravioleta y azules, acelera el daño retiniano. Por ello, se recomienda a los pacientes usar gafas con filtros y evitar entornos demasiado luminosos. El tabaquismo y una alimentación rica en vitamina A también están desaconsejados, ya que favorecen la acumulación de lipofuscina, una sustancia tóxica para las células retinianas. En cambio, se recomienda una dieta de tipo mediterránea, pobre en grasas saturadas, para reducir la inflamación.
Las ayudas visuales, como las lupas electrónicas, los lectores de pantalla o los telescopios, desempeñan un papel clave para optimizar la visión residual y mejorar la calidad de vida. Su elección depende de la edad, la etapa de la enfermedad y las necesidades específicas de cada paciente. Para los más jóvenes, entrenamientos con biofeedback pueden ayudar a desarrollar una fijación excéntrica, mejorando así la estabilidad de la mirada y la sensibilidad retiniana.
Sin embargo, los avances recientes en genética molecular, imagen retiniana e investigación traslacional han abierto el camino a nuevas estrategias terapéuticas prometedoras. Actualmente, se están estudiando varios enfoques para abordar diferentes mecanismos de la enfermedad. Algunas moléculas actúan modulando el ciclo visual, reduciendo así la formación de bisretinoides tóxicos. Este es el caso del gildeuretinol, una forma modificada de vitamina A que ralentiza la progresión de las lesiones retinianas al limitar la producción de estas sustancias nocivas. Ensayos clínicos han mostrado una reducción significativa de la extensión de las zonas atrofiadas en pacientes tratados, con una buena tolerancia.
Otra línea de investigación consiste en bloquear el transporte de vitamina A hacia la retina. El tinlarebant, por ejemplo, es un antagonista de la proteína de unión al retinol que disminuye el aporte de vitamina A en el ojo, reduciendo así la formación de bisretinoides. Los resultados de los ensayos en adolescentes muestran un enlentecimiento del crecimiento de las lesiones y una preservación de la agudeza visual. Este tratamiento ha obtenido, de hecho, la designación de terapia innovadora por parte de las autoridades sanitarias estadounidenses.
Las terapias génicas representan otro avance importante. El principal desafío radica en el tamaño del gen ABCA4, demasiado grande para ser transportado por los vectores virales clásicos. Soluciones innovadoras, como el uso de dos vectores virales complementarios, permiten ahora considerar la corrección del gen defectuoso. Estos enfoques han mostrado resultados alentadores en animales, con una reducción de la acumulación de lipofuscina y una preservación de la estructura retiniana. Actualmente, se están llevando a cabo ensayos clínicos para evaluar su eficacia en humanos.
Las terapias celulares y regenerativas también ofrecen perspectivas para las etapas avanzadas de la enfermedad. El trasplante de células epiteliales pigmentarias retinianas derivadas de células madre ha demostrado una buena tolerancia y una supervivencia prolongada de los injertos en algunos pacientes. Sin embargo, los beneficios funcionales siguen siendo limitados y variables, lo que subraya la necesidad de intervenir antes o de combinar estos enfoques con otros tratamientos para obtener resultados duraderos.
La optogenética, una técnica que hace que las células retinianas restantes sean sensibles a la luz, surge como una solución para restaurar parte de la visión en pacientes con formas avanzadas. Ensayos clínicos han mostrado una mejora moderada de la agudeza visual y la sensibilidad al contraste, especialmente cuando esta terapia se asocia con dispositivos de asistencia visual.
Finalmente, los enfoques combinados, que asocian, por ejemplo, terapia génica y modulación del ciclo visual, podrían ofrecer resultados más robustos. La idea es actuar simultáneamente sobre varios mecanismos de la enfermedad para ralentizar su progresión y preservar al máximo la visión. Los ensayos clínicos en curso incorporan cada vez más una estratificación de los pacientes según su genotipo y la etapa de la enfermedad, con el fin de optimizar la eficacia de los tratamientos.
Estas innovaciones, aunque aún en desarrollo, permiten vislumbrar un futuro más optimista para las personas afectadas por la enfermedad de Stargardt. Los desafíos siguen siendo numerosos, especialmente debido a la diversidad genética de la enfermedad y la necesidad de validar estos enfoques a largo plazo. Sin embargo, los avances realizados en los últimos años muestran que soluciones terapéuticas eficaces podrían estar a la vuelta de la esquina.
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Attributions légales
Citation de l’étude
DOI : https://doi.org/10.1007/s40123-026-01407-z
Titre : Update on the Management of ABCA4 Retinopathy (Stargardt Disease)
Revue : Ophthalmology and Therapy
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Deepika C. Parameswarappa; Dhanashree Ratra; Goura Chattannavar; Srikanta Kumar Padhy