El hígado se regenera de manera diferente en donantes y receptores de trasplante
El trasplante de hígado a partir de un donante vivo es una intervención compleja que permite salvar vidas al responder a la creciente demanda de órganos. Esta técnica se basa en una capacidad notable del hígado: su capacidad para regenerarse después de una ablación parcial. En los donantes sanos, el hígado puede recuperar hasta el 155 % de su volumen inicial en dos años, con una velocidad de regeneración más elevada en los primeros meses. Los donantes que han sufrido una ablación del lóbulo derecho muestran una regeneración más rápida y significativa que aquellos que han perdido el lóbulo izquierdo, ya que el lóbulo restante es más pequeño y debe compensar un volumen más considerable.
En los receptores, la regeneración del injerto es más rápida al principio, con un pico entre los dos y tres meses, y luego se ralentiza. Su hígado alcanza un promedio del 80 % de su volumen estimado después de dos años. Esta diferencia se explica por la urgencia metabólica a la que el cuerpo del receptor debe hacer frente tras el trasplante. Su hígado debe adaptarse rápidamente para satisfacer las necesidades vitales, a menudo comprometidas por una enfermedad hepática preexistente.
El tamaño del hígado restante después de la operación influye directamente en la regeneración: cuanto más reducido sea este volumen, más intensa será la regeneración. Una función hepática preoperatoria óptima, indicada por niveles bajos de enzimas como las transaminasas, también favorece este proceso. Por el contrario, valores elevados de estas enzimas, signo de un hígado ya debilitado, pueden limitar la capacidad de regeneración.
Otro fenómeno observado es la reducción del volumen del bazo en los receptores. Esta disminución, que alcanza un promedio del 11 % después de un año, está relacionada con la normalización de la presión portal tras el trasplante. El bazo, a menudo hipertrofiado antes de la intervención debido a la hipertensión portal, ve cómo su volumen disminuye progresivamente. Esta reducción es más marcada en pacientes con un bazo muy voluminoso antes del trasplante o con niveles bajos de plaquetas sanguíneas, signo de una secuestración importante en el bazo.
La composición corporal también desempeña un papel clave. Una mayor masa muscular y una mejor calidad muscular estimulan la regeneración hepática. Por el contrario, un exceso de grasa visceral o una sarcopenia, es decir, una pérdida de masa y fuerza muscular, pueden ralentizar este proceso. En los donantes, una mejor condición muscular se asocia con una regeneración más rápida, mientras que en los receptores, una masa muscular reducida limita esta capacidad.
Los hombres parecen beneficiarse de una regeneración más rápida que las mujeres, aunque las razones exactas siguen sin esclarecerse. Esto podría estar relacionado con reservas nutricionales más importantes o con necesidades metabólicas diferentes. Sin embargo, esta observación requiere estudios complementarios para ser confirmada.
Finalmente, este estudio muestra que la regeneración del hígado no depende únicamente del tamaño del injerto o del hígado restante, sino también del entorno metabólico global del paciente. El hígado interactúa con otros órganos, como el bazo, y responde a señales sistémicas, como la inflamación o el estado nutricional. Así, aunque el hígado no siempre recupera su volumen inicial, puede recuperar una función normal, que es el objetivo principal del trasplante.
Attributions légales
Citation de l’étude
DOI : https://doi.org/10.1007/s00261-026-05567-1
Titre : Liver regeneration after living donor liver transplantation (LDLT)
Revue : Abdominal Radiology
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Annarita Pecchi; Francesca Camaione; Barbara Catellani; Martina Susi; Riccardo Cuoghi Costantini; Roberto D’Amico; Francesco Prampolini; Fabrizio Di Benedetto; Stefano Di Sandro; Pietro Torricelli