¿Los niveles de gravedad del autismo son utilizados de manera coherente por los profesionales?
Desde 2013, los profesionales de la salud disponen de una herramienta para describir las necesidades de apoyo de los niños con trastornos del espectro autista. Este sistema clasifica las necesidades en tres niveles, desde el apoyo más leve hasta el más intenso. Sin embargo, un análisis reciente revela que menos de la mitad de los niños diagnosticados tienen especificado este nivel en su expediente médico. Esta información, esencial para adaptar las intervenciones, a menudo sigue ausente o variable según los lugares y las poblaciones.
El estudio analizó a más de 15.000 niños estadounidenses de 4 y 8 años, seguidos entre 2018 y 2020. Muestra que solo el 40 % de los expedientes mencionaban un nivel de gravedad. Las disparidades son notables: en algunos estados, menos del 5 % de los niños se beneficiaban de esto, frente a más del 70 % en otros. Los niños de 4 años, aquellos de minorías étnicas como las familias negras no hispanas, o aquellos cuyos expedientes no especificaban la presencia de una discapacidad intelectual, tenían menos probabilidades de tener un nivel de gravedad indicado. En cambio, los niños negros no hispanos, los más jóvenes, aquellos seguidos en 2020 o con discapacidad intelectual, recibían con más frecuencia un nivel de gravedad elevado.
Estas diferencias plantean preguntas sobre la uniformidad de las prácticas. Los profesionales no parecen aplicar los mismos criterios para evaluar las necesidades. Algunos niños reciben un nivel de apoyo elevado debido a dificultades intelectuales asociadas, mientras que otros, sin estos desafíos adicionales, pueden ser subestimados. Los niños negros no hispanos, por ejemplo, son clasificados con más frecuencia en el nivel más severo, incluso después de considerar otros factores. Esto podría reflejar desigualdades en el acceso a evaluaciones completas o sesgos en la interpretación de los síntomas.
El uso de estos niveles también sigue siendo desigual según los años y las regiones. En 2020, su mención era más frecuente que en 2018, lo que sugiere una adopción progresiva, pero aún insuficiente. Los expertos señalan que la ausencia de directrices claras en los manuales de diagnóstico contribuye a esta variabilidad. Algunos clínicos dudan en asignar un nivel, sin saber si deben basarse únicamente en los síntomas del autismo o también en otras dificultades asociadas.
Esta situación limita la utilidad de estos niveles para planificar los servicios y las ayudas. Sin una aplicación más rigurosa y uniforme, su potencial para mejorar la vida de los niños afectados sigue sin explotarse. Las disparidades observadas recuerdan la importancia de formar a los profesionales y aclarar los criterios de evaluación. El objetivo es garantizar que cada niño reciba el apoyo adaptado a sus necesidades reales, sin que su origen, edad o entorno influyan en la calidad de su acompañamiento.
Attributions légales
Citation de l’étude
DOI : https://doi.org/10.1007/s10803-026-07292-6
Titre : Prevalence of Autism Spectrum Disorder Severity Levels From the Fifth Edition of the Diagnostic and Statistical Manual (DSM-5) in the Autism and Developmental Disabilities Monitoring Network
Revue : Journal of Autism and Developmental Disorders
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Lauren A. Russell; Sarah C. Tinker; Kelly A. Shaw; Matthew J. Maenner; Monica Dirienzo; Anne V. Kirby; Ellen M. Howerton; Sandra B. Vanegas; Maya Lopez